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La Plataforma en Defensa dos Montes do Morrazo avisa del “exceso de combustible” a raíz del incendio en Moaña

PONTEVEDRA, 24 (EUROPA PRESS)

La abundancia de eucaliptos y pinos que, según la Plataforma en Defensa dos Montes do Morrazo, ocupan más del 80 por ciento del terreno natural en la comarca, y a los que suma la presencia de acacia, junto con la gran altura del matorral, han contribuido a la gravedad del incendio ocurrido esta semana en Moaña. “Es el problema de siempre, el exceso de combustible de especies pirófitas”, ha afirmado el portavoz de este colectivo ambiental, Cándido Martínez.

“Hubo conatos en O Morrazo durante el verano, pero este ha sido el peor”, ha añadido, en alusión a la veintena de hectáreas calcinadas. “Pero pudo haber desgracias”, ha advertido Martínez sobre las consecuencias del fuego, que obligaron a decretar el nivel 2 de emergencia debido a la cercanía de las viviendas, aunque finalmente “no ardió ninguna casa ni hubo heridos”.

Además del “polvorín” en el que se han convertido los montes de O Morrazo y ante una sequía que “se prevé duradera”, Cándido Martínez ha criticado no solo la “mala planificación” forestal, sino también a nivel urbanístico, con el arbolado “encima de las casas”.

“Menos mal que no pasó a la parte superior del corredor de O Morrazo”, ha precisado el portavoz de la Plataforma, rememorando un devastador incendio forestal que, en 2006, se originó en el municipio vecino de Vilaboa y alcanzó a las parroquias moañesas de Meira y Domaio.

A esta cadena de circunstancias se añade que “no hay silvicultura, ni clareo en las plantaciones y la red de fajas de defensa contra incendios están sin desbrozar”, ha avisado Cándido Martínez. Todo esto, más el “monocultivo” de pirófitas, ha formado un “caldo de cultivo” propicio para el fuego.

Martínez ha destacado que ahora la labor de las brigadas terrestres resulta fundamental para apagar los incendios, previamente “aplacados” por los medios aéreos. A base de “regar” la superficie afectada se evitaría el rebrote de las llamas a través de los rescoldos que se alojan en la “densa capa de follaje” de pinos y eucaliptos acumulada en el terreno, y de las piedras y tocones, que “guardan el calor”.


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